sábado, 5 de junio de 2010

TIENE COJONES


Allen Ginsberg y Peter Orlovsky en los años 50.

FUE EL AMOR ETERNO Y LA INSPIRACIÓN DE ALLEN GINSBERG


La Beat Generation en 10 conceptos: vagabundeo, jazz, alcohol, drogas psicotrópicas, aullidos, depresiones, alcoholismo, libertad erótica, disidencia y experimentación literaria. Y, ahora, un concepto más: amor, amor del bueno, bello y verdadero. Del feliz, incluso.

Y eso gracias a Peter Orlovsky, que murió esta semana en Vermont víctima de un cáncer de garganta, enfermo de diabetes y debilitado por el consumo continuado de alcóhol y drogas. Tenía 78 años. Y, desde hacía 13 años, le faltaba Allen Ginsberg, el amor de su vida.

"Dos hombres se conocen. Uno dice ser homosexual y el otro heterosexual básicamente. Cuando empiezan a acostarse y a vivir juntos, el mayor tiene 28 años y el joven, 22. No hay duda de que, en los primeros años, la relación es apasionada y tierna. Cuando se separan, se escriben cartas de amor, encendidas, en las que Allen llama a Peter Petey. Todo se lo dan y todo lo comparten, todo lo discuten y todo lo hablan y, así, por encima del sexo y de la ternura afectuosa, va surgiendo la comprensión, la estima y el vínculo de mutua necesidad en una relación inusualmente franca y abierta".

Así describió Luis Antonio de Villena el amor de Orlovsky y Ginsberg en las páginas de EL MUNDO en agosto de 2005. En aquella crónica, Villena recordaba también un vídeo con una entrevista en vídeo de Ginsberg, ya enfermo, en la que Orlovsky aparecía a su lado, como un ángel de la guardia. Cuando a Ginsberg le fallaba la memoria, recurría a su amigo del alma. "¿Tú crees que Jack [Kerouac] era marica?". Y Orlovsky contestaba: "¿Jack, marica? No, en el minúsculo sentido de la palabra".

Orlovsky tenía una historia antes de Ginsberg. Nació pobre en el Lower East Side de Nueva York, hijo de un immigrante ruso. Dejó el bachillerato a medias, trabajó de celador en una clínica psiquiátrica y se alistó al ejército en los tiempos de la Guerra de Corea, cuando tenía 19 años. Pero, una vez unido a filas, los médicos decidieron que no estaba en condiciones psiquiátricas (precisamente) para ir a la guerra, y lo mandaron a la retaguardia, a San Francisco.

Y allí, en la 'Frisco' de los beats, el muchacho, era guapo y viril, se empleó de modelo para el pintor Robert LaVigne para sacar unos dólares mientras escribía versos íntimos por las noches.

Cuenta la leyenda que, en diciembre de 1954, Ginsberg vio un cuadro de LaVinne que retrataba a Orlovsky. El poeta estaba admirado con la belleza del muchacho. Y, de pronto, en la sala, apareció el propio modelo, en carne y hueso. Y a partir de ahí, el amor.

Viajes y aventuras

Sus primeros años de relación desembocaron en 'Aullido y otros poemas' (1957), poemario escrito en la morada de la pareja en North Beach. Es la obra más conocida de Ginsberg y también la más polémica en su tiempo, por su abierta celebración del homoerotismo. Después, Orlovsky y Ginsberg se trasladaron a París y se lanzaron a una vida de viajes, aventuras y, a su manera, inquebrantable fidelidad.

Orlovsky abrazó el budismo, despegó como poeta y se convirtió en un personaje para Jack kerouac, que lo retrató en 'Los vagabundos del Dharma'. La pareja se convirtió en un símbolo de 'matrimonio' homosexual (mucho antes de que eso existiera), abierto pero fiel, despreocupado y generoso.

"No quisiera irme al cielo dejando a Peter solo", escribió Ginsberg, "porque él nunca me dejó solo si estaba enfermo en cama, si me moría, si envejecía o si tenía un calentón o simplemente reuma"



(Me parece genial que se hagan eco de esta noticia, una noticia con un claro y marcado interés cultural, pero porqué cojones sólo es un periódico "de cuyo nombre no quiero acordarme", citando El Quijote, el que nos lo anuncia).

Estoy harto de que cosas así pasen casi desapercibidas para la gran mayoría, y más ahora que todos estamos absorvidos por la feria del libro.

Voltios dixit.