domingo, 7 de febrero de 2010

Señora azul(II): El hijoputa

Ya está. Siempre igual. Se veía venir. Se ha armado el follón. Y es que se lo he dicho cien veces al Venancio, que no entrase al trapo, pero da lo mismo, como el que oye llover. Y es que “el medallas” lo tenía enfilado, que si soltar la gallina, que si todas mías, que arrastro, arrastro, arrastro. Y venga a golpear con los nudillos sobre el tapete, arrastro y golpe, arrastro y golpe, cada vez más fuerte, cada vez con más mala intención. Hasta que el Venancio ha dicho lo que ha dicho. Y no lo que ha dicho, sino cómo lo ha dicho. Ya está bien y tres segundos después, tres segundos intensos que cortaban el aire, hijoputa.
“El medallas”, que otra cosa no, pero el oído lo tiene como un chaval, que qué dices, que lo vuelvas a repetir, que te voy a partir la cara. Pero el Venancio estaba tranquilo, le miraba duro, pero no se inmutaba. Digo lo que dijo tu presidenta el otro día, sin mirar a nadie. Que si te estás cachondeando de mí, que no ha nacido quién, que te voy a soltar una hostia que ya verás. Y se puso de pie con la vena de la frente hinchada a punto de reventar, los ojos como huevos de pato fuera de las órbitas y las manos blancas de apretarlas sobre la mesa. Eso, que yo no he mirado a nadie y que si toda una presidenta de la región puede ir diciendo eso, que él también, que ya pedirá perdón a los que se sientan aludidos y todo arreglado. Eso ha sido el detonante, lo del perdón a los aludidos. Yo, la verdad no me estaba enterando de nada, pero sabía que allí iban a saltar chispas. Cogí al Venancio por los hombros y le dije que nos íbamos, que la cosa se estaba poniendo mala. Pero el Venancio se soltó y le dijo “al medallas” no sé qué de Cobo y del valenciano, que a la presidenta también tenía que meterle mano el comité, porque si no, aquí no hay justicia como no hay dios. Me cago en la leche, negar a dios delante del “medallas”. Se levantó echo una furia y le soltó al Venancio un guantazo, flácido pero acertado, que le mandó la dentadura postiza al otro rincón de la sala de juegos.
Los separamos claro, como a niños que se lían a trompadas en el recreo, y que si el rojo este de los cojones no niega a nuestro señor, y que hay que tener poca vergüenza para venir vosotros a darnos clase de legalidad y el Venancio, que si sois todos unos fasas y que esto no ha cambiado nada de nada en cincuenta anos, o algo así, porque sin dentadura no se le entiende nada.
El caso es que la partida de hoy ha acabado como hacía tiempo que me imaginaba iba a acabar. Y me joroba, porque esos ratejos de cartas son casi los mejores del día.
Luego me he ido a la sala de interné, a ver qué era eso del hijoputa y la presidenta. Y he visto lo que a continuación les enseño.






A mi, la verdad, me cuesta creer que una señora tan culta, marquesa o duquesa o algo así, tan leída, que siempre sonríe a todos, diga esas palabrotas. Seguro que todo es un montaje del de los zapatos o del otro, del alcalde, el e los juegos, que con esa cara de mosquita muerta seguro que hace de las suyas. Además, estas cosas de los de arriba, ¿a quién le importan?

2 comentarios:

Mercedes dijo...

De este tema, lo que de verdad no entiendo es que haya tanta gente que disculpe a esta "señora" diciendo que esta expresión no formaba parte de su discurso público. La que es señora lo es delante y detrás.
Saludos.

Voltios dijo...

jajajajaja, toma ya, pillada in fraganti, vaya bocazas.