martes, 29 de diciembre de 2009

Reflexión a propósito del aburrimiento

Una se está mudando de casa. Por este motivo, ha tenido que realizar frecuentes llamadas a compañías suministradoras de electricidad, de gas, de adsl, bancos, y otros entes similares dedicados a hacernos la vida más engorrosa y cobrarnos una pasta por lo imprescindible.

Pero no todo va a ser contrariedades: Una ha comprobado la infinita amabilidad de estas compañías a la hora de hacerla esperar. Todos sus agentes están siempre ocupados, porque existen muchos Unos que llaman para contratar, protestar, darse de baja; y para hacernos la espera más agradable, siempre, repito, siempre, hay una musiquita que suena machacona, en unos casos Vivaldi, en otros El Sueño de Morfeo, o el himno de la Champions, da igual, el caso es que durante al menos dos minutos esa melodía ocupa el lugar de nuestros pensamientos.

Si preguntamos, dirán que la música suena para que no nos aburramos durante el tiempo que dura la espera. Pero también podría ser que lo que pretendan es que olvidemos el motivo por el que hemos llamado, que olvidemos el dinero que nos cobran por nuestra llamada, que olvidemos incluso a qué compañía queríamos llamar. Que nuestro cabreo pierda fuelle. Que lo primero que se escuche en la conversación sea, después de su extremadamente amable saludo, nuestro balbuceo. Que cuando salgamos al cuadrilátero seamos un rival sonado, que ha dado la partida por perdida y ha olvidado hasta su nombre.

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Ana Pérez Cañamares

3 comentarios:

FORO CRITICO CULTURAL dijo...

serça porque la música amansa a las fieras... por cierto que esas "músicas" ratoneras y enervantes, evidentemente distorsionadas y cacofónicas he oído se usan en Guantánamo...

Angel dijo...

joer si es que estamos bajo el yugo todo el rato, incluso cuando queremos que nos saquen los cuartos, si es que esta sociedad se cae a cachos

Mercedes dijo...

Ayer mismo estuve 18 minutos, y porque colgué, esperando que me pusieran con un técinco de Orange. "Todos nuestros agentes están ocupados, rogamos permanezca a la espera", música. Puse el manos libres mientras cortaba los filetes de pollo, y la idiota de mí pensaba que si salía el dichoso técnico, "Buenos días, en qué puedo ayudarla", cogería el teléfono con las manos pringadas de pollo. Idiota e ilusa; me dio tiempo a cortar los filetes, a lavarme las manos y a colgar, aquella música estaba acabando con mis nervios.
Un saludo