miércoles, 16 de diciembre de 2009

Música ambiente


Cada vez es más habitual: una entra en el vagón del metro y se pregunta si la Empresa Municipal de Transportes ha decidido "amenizar" nuestro viaje con música ambiente. Pero no: se trata de algún muchacho o grupo de muchachos que por su cuenta y riesgo han decidido que a todos los usuarios nos debe de gustar la música techno, el regaetton o lo que sea que suena en su móvil, y nos hace el favor de llevarlo a todo volumen, para que todos lo oigamos. Un día lejano reuní las fuerzas suficientes para decirles que su música me molestaba, que yo no la había elegido y que me distrae de leer (actividad, por cierto, que no molesta a nadie). Pero confieso que en aquella ocasión los chavales debían de tener unos doce años, y que no he vuelto a atreverme a hacerlo dado que la edad de los disc jockeys aficionados va aumentando. El otro día, en una línea de cercanías, pasaron dos seguratas que me llamaron la atención por llevar un pie apoyado en el asiento de enfrente (mal hecho por mi parte, lo admito); pero no le dijeron nada a un padre de familia (lo juro, iba con su mujer y su hija) que llevaba algún sucedáneo de Camela (!) a todo trapo para que el vagón entero lo oyera.

Por nuestro bien espero que esta moda no vaya a más, o me dedicaré a coger todos los auriculares que la gente abandona en los asientos de renfe cuando ha terminado la película que ponen en los trayectos de larga distancia, y me dedicaré a repartirlos en el Metro de Madrid a todos los que, a lo mejor, desconocen que han sido ya inventados.
Ana Pérez Cañamares

6 comentarios:

David Pérez Vega dijo...

Hola Ana:
Interesante espacio.
Este tema me llama la atención bastante como usurario frecuente de transporte público. A mí también eso me desconcentra para leer.
Es como si hubiese vuelto el "loro" de los 80: lo importante no es escuchar música, sino que los demás sepan lo que estás escuchando.

En el metrosur viví la siguiente escena:Tenía al lado a dos chicos de unos veintipocos, hablando del trabajo y del carnet de conducir, con música ambiente en el móvil, y yo al lado leyendo, sin decir nada.
Una chica también de veintipocos se va a bajar del vagón y le dice al chico que debería usar cascos y llevar la música sólo para él. Éste la vacila un poco, diciendo que los cascos son para la moto y la cabeza (muy ingenioso) y cuando se baja la chica le dice a su compañero: y luego dicen que las violan...

Con estos trozos de realidad es como se entiendo de verdad el germen de la violencia de género.

Saludos

Julio Obeso González dijo...

Eso en el metro o en el autobús. Aquí en Gijón, vivo en el casco antiguo, barrio de Cimadevilla. Hasta no hace mucho sólo las gaviotas hacían música en el exterior. De un tiempo para acá, han llenado mi calle de pubs, chiringuitos, etc., que convocan a lo más granado de la edad del pavo. Piden las copas y salen a la calle, ponen la música del coche, los móviles, los "loros" (o como demonios se llamen los nuevos reproductores de cds) a lo que dan de sí y provocan tal contaminación acústica, que es imposible conciliar sueño o un tiempo para leer y escuchar la música que a mi me gusta.
Me solidarizo con ambos.
Un abrazo

Miguel Baquero dijo...

1000 x 1000 de acuerdo en la denuncia de estos horteras que van con el móvil dando la barrila a la gente, y encima con canciones horrorosas. Espero que sea una moda pasajera, que cesará cuando ellos mismo se asombren de su estupidez.

Ana Vega dijo...

Este blog era necesariooooooooo!!!
Besosmiles

Cristina Morano dijo...

La anécdota que cuenta David Pérez Vega me parece demencial: me he asustado. ¡Cómo están las cabezas! ¿Es que no hemos avanzado nada? ¡¡¡Vaya par de fascistas!!!!
¡No sé qué más exclamar-denunciar-pedir-gritar!

jartit@s dijo...

David: yo también me he ... no sé ni qué palabra usar... asustado, indignado, con lo que cuentas. Siempre estoy a punto de decirles algo, pero la verdad es que en el último momento me acojono. Joder, con razón.
Me doy cuenta, además, de que me indigna tanto el hecho molesto en sí, como el desprecio y la falta de respeto que suponen.
Ana