jueves, 17 de diciembre de 2009

Mierdas de perro inundan la ciudad unas tu las pisas y otras te quieren pisar

Son parte del mobiliario urbano de las aceras de mi barrio.
El camino diario de mi kelly al curro no sería el mismo sin una de ellas; menos mal que en este paseo, cuando no estoy enfrascado con mis pájaros, de vez en cuando me da por mirar al suelo. Aunque mirándolo bien, el suelo tiene más visitas de mis ojos que las aves.
Puede que los curritos de las 7 de la mañana que nos vamos topando a diario en el mismo camino, la solidarizadora rutina de esas horas haya hecho que más o menos nos vayamos conociendo; pero me intranquiliza que tengan una impresión equivocada de mí, y crean que soy un personaje mustio y afligido, o se imaginen a un retraído incurable, o a un introvertido, o a un “poeta jodido”, o que se piensen que mis vértebras tienen un problema y se sienten atraídas por los adoquines de la acera. No lo sé, pero ahora que me pongo, me da que pensar; a lo mejor otra parte de los mismos compadres intuyen que voy buscando la fortuna de un cigarro sin consumir (sobre todo cuando llega el fin de mes y no hay ni pa tabaco) o la suerte en un billete de metro con un viaje sin picar. Pues NO, colegas, no.
Si voy clavando mis ojos en el suelo es por las putas MIERDAS de perro, porque en nuestro trayecto cotidiano son enjambre, y estoy un poco hasta los wbos por ello. Sobra decir, que mi amor por los perros roza la pasión, e incluso de vez en cuando les dediqué algún poema; también vaya por delante mi agradecimiento a los operarios que tienen el fastidioso encargo de ir dejando las aceras como la patena, y a modo de reconocimiento por este encargo, a los regidores del distrito donde vivo, que aunque estén a años luz de mi visión política de las cosas, me consta que se lo curran en el intento de que las calles del barrio sean algo más que un mero sito de transito para el ciudadano y sus quehaceres. Si embargo, a esa jauría de propietarios, dueños o responsables de los canes que ululan por la Avda. de la Albufera a la altura de la estación Alto Arenal (L1 metro) de Madrid, recomendarles el uso de la bolsita para la ocasión y las papeleras para el deposito, simplemente con el fin de que me dejen más a menudo mirar al cielo, y un poco también, para la salud de mi -hecha cisco- columna vertebral. Evidentemente no hay que generalizar, y todo el que tiene perro no es un descelebrao ni es un guarro; pero la exposición de deposiciones en el trayecto que digo, a mi me resulta, como poco, escandalosa.

Estoy jarto, payos.

Gsús Bonilla

1 comentario:

Otoski dijo...

Esto me recuerda el típico lapsus disléxico que sale en momentos inesperados, como cuando cuando quieres advertir a tu hijo de un peligro: !no mierdes las pisas" le dijo mi chica a nuestro canijo, intentando evitar que la "suerte" se abrazara a las suelas de sus botitas.