domingo, 27 de diciembre de 2009

HIGIENE MENTAL

IMAGE BY WILL EISNER


El sistema en el que pastamos genera imágenes horribles y condena a los desgraciados de siempre, la ciudad es un catálogo de últimas tendencias en despropósitos, y los ciudadanos asimilan a velocidades de vértigo los grandes desatinos que en él aparecen.
Vivimos en la era del reciclaje, o al menos es lo que nos están vendiendo. En nuestros días parece ser que es muy necesario separar la basura y depositar cada tipo de residuo en el contenedor que corresponda, para que en teoría, luego se trate adecuadamente. No seré yo el que se oponga a esta necesidad. Pero hay una parte del ciclo que me confunde o que no me cuadra.
En las puertas traseras de ciertas cadenas, o grupos de alimentación que tienen sus puntos de ventas -disfrazados de tiendas de barrio- distribuidos por diferentes y estratégicos lugares de esta ciudad, de un tiempo a esta parte, es de lo más normal encontrarse a personas, sin lugar a dudas, menos agraciadas que tú y que yo. Hurgan en la basura que ha recaudado el punto de venta de turno a lo largo de la jornada. Buscan en los cubos de los desperdicios y seleccionan lo mejor, suponiendo, que entre la mierda haya clases. A poco que se quiera mirar los puedes ver claramente a un par de calles más allá de donde vives, o sin ir más lejos, a la vuelta de la esquina. Y ésto, a mí personalmente me produce desasosiego, cuando no dolor.
Cuando sacas el tema a relucir, en conversaciones con amigos, vecinos, o incluso algún que otro familiar, parece ser que hay conciencia del problema, aunque en esos momentos tampoco tengo claro cuál es; y entonces imagino dónde situar el problema y clasificarlo, la calificación es una preocupación muy diferente a la que yo siento, y para los consultados, al parecer, el mayor inconveniente de estas tristes imágenes con las que han empezado a familiarizarse, por lo visto es, el de los ruidos derivados -pues no hay batalla sin escándalo- de quienes tienen la última oportunidad del día para llevar algo de comer a sus casas, o engañar a sus estómagos; y que para ello en ocasiones la lucha es fraticida por coger el yogurt menos caducado, la manzana con algo de su superficie sin pudrir, o cualquier otro alimento algo menos deteriorado que el siguiente. Otra queja bien situada en esta dichosa tabla, hace referencia a la estética del lugar, a la estampa generada a esa hora y que entienden, que no es la más acorde con el estatus en el que se sienten identificados mis compañeros de debate, siempre uno o dos peldaños por encima del desarraigo. Joder, qué suerte tenéis, pienso. Y pienso también en el cubo de basura imprescindible en la cocina de sus hogares y que facilita todas las higienes, menos una. Aquella que alguien -acertadamente- catalogó como higiene mental.

Estoy Jarto payos.

Gsús Bonilla

3 comentarios:

Voltios dijo...

totalmente de acuerdo contigo señora cañamares

Mercedes dijo...

Sangrante y estremecedora entrada. Vivimos en la sociedad más hipócrita y absurda de todos los tiempos. Como siga el tema con va no va a quedar nada que reciclar, asi que se acabaron las molestias.
Enhorabuena, excelente redacción.
Un saludo.

Cristina Morano dijo...

Yo sí he pasado algunas noches buscando en la basura, no buscaba exactamente comida, no estaba tan mal, pero sí muebles y ropa para mi casa. Tengo varias mesas y una preciosa estantería metálica lacada en rojo. Las cajas de vino que tiran los restaurantes las uso como archivadores... Odio que la gente desperdicie las cosas.


Cris